El arzobispo de Brasil establece reglas para el uso de la IA en las comunicaciones archidiócesicas
El arzobispo Josafá Menezes da Silva de Aracaju emitió directrices para el uso de la IA en las comunicaciones archidiócesicas, enfatizando la verdad y la dignidad humana. Las directrices exigen revisión humana, etiquetado y una distinción clara del contenido generado por IA para evitar la malrepresentación. El clero está prohibido de usar IA generativa para recrear o simular las caras o voces de obispos, sacerdotes o diáconos de manera que puedan confundirse con una representación auténtica. Las directivas hacen referencia a la encíclica Magnifica Humanitas del Papa Leo XIV, al mensaje del 60.º Día Mundial de las Comunicaciones y a la nota conjunta de la Santa Sede Antiqua et Nova. Buscan garantizar que la IA sirva como ayuda y no como sustituto de la responsabilidad humana en la comunicación.
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El arzobispo Josafá Menezes da Silva, de la arquidiócesis de Aracaju, Brasil, estableció normas para el uso de la inteligencia artificial en las comunicaciones eclesiales. Las reglas exigen revisión humana y transparencia, y prohíben emplear IA para falsificar la apariencia, la voz, las palabras o las acciones de obispos, sacerdotes, diáconos y otras personas reales. 1
Las directrices están dirigidas a sacerdotes, diáconos, agentes pastorales, comunicadores y al conjunto de los fieles de la arquidiócesis. Se basan en documentos del magisterio de la Iglesia sobre la dignidad humana, la comunicación y la tecnología. 1
Entre las referencias citadas figuran el mensaje del papa León XIV para la 60.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, la encíclica Magnifica Humanitas, el documento Antiqua et Nova, elaborado por dos dicasterios de la Santa Sede y firmado por el papa Francisco, y una reflexión del sacerdote italiano Doriano Vincenzo De Luca, responsable de comunicaciones sociales de la arquidiócesis de Nápoles. 1
Menezes afirmó que el punto de partida de la reflexión de la Iglesia sobre la IA es la defensa incondicional de la dignidad de la persona. Según su explicación, la inteligencia humana debe orientar la tecnología para que esta contribuya al bien auténtico de las personas y de la sociedad, en lugar de sustituir la responsabilidad humana. 1
Toda obra artística realizada con ayuda de IA dentro de la arquidiócesis deberá pasar por una revisión humana obligatoria antes de su publicación. 1
Además, cualquier contenido generado o manipulado mediante IA deberá estar etiquetado y claramente diferenciado del material creado por seres humanos, especialmente cuando el uso de la tecnología pueda alterar la percepción de la realidad presentada. 1
Las normas prohíben utilizar IA generativa para reconstruir o simular la apariencia de un obispo, sacerdote o diácono cuando la imagen sustituya una fotografía real o pueda interpretarse como una representación auténtica de la persona o de una situación que haya vivido. 1
También queda prohibida la simulación de la voz de un miembro del clero en mensajes o discursos que esa persona no haya pronunciado originalmente. Las directrices impiden atribuir a una persona real una apariencia, declaración, acción o circunstancia que no corresponda a los hechos. 1
En particular, no se permite:
El arzobispo indicó que la IA puede emplearse como apoyo, sin reemplazar el trabajo responsable de las personas, en nueve áreas:
Menezes vinculó las normas con la advertencia de León XIV sobre la capacidad de la IA para fabricar “realidades paralelas”, apropiarse de rostros y voces y dificultar la distinción entre realidad y ficción. 1
El arzobispo también señaló la necesidad de proteger imágenes, fotografías, grabaciones de audio, rostros y voces frente a usos dañinos como el fraude digital, el ciberacoso y los deepfakes, que pueden vulnerar la privacidad y la intimidad personal sin consentimiento. 1
El decreto pide a los agentes pastorales, comunicadores y fieles actuar con prudencia, consultar a sus respectivos ordinarios y respetar la normativa vigente. Menezes resumió el principio rector afirmando que la tecnología debe estar al servicio de la misión de la Iglesia y que toda comunicación eclesial debe ser veraz en su contenido y responsable en la forma de representar la realidad. 1*
Examina la ética de la IA en la comunicación eclesial
La inteligencia artificial puede ayudar a la comunicación eclesial, pero no debe sustituir la responsabilidad humana, el discernimiento pastoral ni la autenticidad del testimonio cristiano. Su criterio fundamental debe ser la verdad, la dignidad de la persona y el bien común.
La Iglesia no comunica simplemente información: anuncia el Evangelio, interpreta la realidad a la luz de la fe y acompaña a personas concretas. Por eso, toda herramienta empleada en este ámbito debe someterse a la exigencia de veracidad.
La enseñanza eclesial sostiene que la comunicación debe ser verdadera, porque la verdad es esencial tanto para la libertad personal como para la auténtica comunidad. Esta exigencia alcanza al contenido, al modo de comunicar y también a las estructuras que controlan la tecnología y distribuyen el acceso a la información.
La IA generativa puede producir textos coherentes y convincentes sin que sean verdaderos. Puede “alucinar”, es decir, presentar como plausibles datos inventados o interpretaciones sesgadas. En la comunicación católica, este riesgo es especialmente grave cuando se trata de doctrina, liturgia, moral, derecho canónico, noticias eclesiales o declaraciones atribuidas a autoridades.
Por tanto:
San Juan Pablo II resumió la responsabilidad de los comunicadores con estas palabras: “Sean fieles a la verdad y a su transmisión”.
La antropología cristiana impide tratar a las personas como simples datos, perfiles o destinatarios manipulables. La comunicación eclesial debe reconocer a cada interlocutor como una persona creada a imagen de Dios y llamada a una vocación trascendente.
La IA puede favorecer el acceso a contenidos, traducir materiales, asistir a personas con discapacidad, ampliar la difusión del Evangelio y facilitar la comunicación entre comunidades. Sin embargo, el Papa León XIV advierte que debe permanecer como instrumento al servicio del ser humano, no como mecanismo para disminuirlo o reemplazarlo. La vida personal posee un valor superior al de cualquier algoritmo, y las relaciones humanas no pueden reducirse a patrones predeterminados por una máquina.
Esto tiene consecuencias pastorales concretas:
La eficiencia administrativa es legítima, pero no debe convertirse en despersonalización pastoral.
La comunicación eclesial exige saber quién habla, con qué autoridad y bajo qué responsabilidad. El Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales enseña que la práctica comunicativa de la Iglesia debe ser ejemplar en veracidad, responsabilidad y respeto de los derechos humanos. También afirma que nadie puede hablar oficialmente en nombre de la Iglesia sin haber sido debidamente designado, y que las opiniones personales no deben presentarse como enseñanza eclesial.
Aplicado a la IA, esto requiere:
La transparencia no debilita la evangelización; fortalece la confianza. La Iglesia comunica creíblemente cuando ofrece respuestas honestas incluso ante preguntas difíciles o incómodas.
La utilización de IA puede implicar la recopilación, almacenamiento y reutilización de información personal. El Papa Francisco señala como riesgos importantes la privacidad, la propiedad de los datos y la propiedad intelectual.
En ambientes eclesiales, la prudencia debe ser todavía mayor porque pueden tratarse datos particularmente sensibles:
No es éticamente aceptable introducir en una herramienta pública datos que permitan identificar a una persona sin su consentimiento informado y sin garantías adecuadas. Deben emplearse datos anonimizados, limitarse los accesos y conservarse la información sólo durante el tiempo necesario.
La responsabilidad pastoral exige recordar que la confidencialidad no es un detalle técnico: protege la dignidad, la libertad y, en ciertos casos, la seguridad de las personas.
La IA puede seleccionar contenidos según patrones de atención, preferencias o reacciones emocionales. Esto facilita la manipulación, la formación de burbujas informativas y la polarización. Francisco advierte que algunos sistemas pueden influir en las decisiones mediante opciones predeterminadas, estímulos y disuasiones, produciendo formas de control social.
En la comunicación eclesial sería contrario a la ética:
La libertad de expresión merece una presunción favorable, pero no es absoluta: debe respetar la verdad, la justicia y la privacidad, y no puede utilizarse para difamar, fomentar el odio o provocar conflictos.
La ética católica no evalúa sólo el mensaje final, sino también quién tiene acceso a la tecnología y quién queda excluido. La comunicación social plantea cuestiones de solidaridad, subsidiariedad, justicia y equidad, especialmente respecto de la división entre quienes poseen abundantes recursos informativos y quienes carecen de ellos.
Una diócesis o parroquia que adopta IA debería preguntarse:
La Iglesia debe evitar tanto el tecnofetichismo como el rechazo indiscriminado. La cuestión no es si la IA es “moderna” o “tradicional”, sino si promueve el desarrollo integral de la persona humana en sus dimensiones material, intelectual y espiritual.
Una política diocesana o institucional podría establecer los siguientes principios:
La autoridad eclesial debe formar a comunicadores, establecer protocolos de verificación, revisar contratos y políticas de privacidad, y garantizar que existan mecanismos para corregir daños. La propia Iglesia está llamada a ofrecer un ejemplo elevado de veracidad, rendición de cuentas y respeto de los derechos humanos.
La formación no debe limitarse al manejo técnico de herramientas. Francisco pide educar para el pensamiento crítico y para un discernimiento atento ante los datos y contenidos producidos por IA, teniendo también presente la desinformación y la difusión de antiguos prejuicios mediante nuevas tecnologías.
En la Iglesia, esa formación debería incluir:
El acceso a muchos datos no equivale a comprender su significado o su valor. León XIV subraya que la inteligencia artificial puede ampliar la información disponible, pero no sustituye la capacidad humana de reflexionar, elegir libremente, amar y establecer relaciones auténticas.
La ética de la IA en la comunicación eclesial puede resumirse en cinco exigencias: verdad, dignidad, transparencia, responsabilidad y comunión. La IA es moralmente aceptable cuando sirve a la misión comunicativa sin falsear la realidad, invadir la intimidad, manipular a las personas ni reemplazar el encuentro humano.
La Iglesia debe utilizar estas herramientas con prudencia, competencia y esperanza cristiana: no para hacer la comunicación más automática, sino para hacerla más verdadera, accesible, humana y orientada al anuncio responsable del Evangelio.