Pope to Vatican Publishing House: 'Reading nourishes the mind'
Pope Leo XIV met with staff of the Vatican Publishing House (LEV) during its centenary celebration. He highlighted the importance of reading for cultivating critical thinking and guarding against fundamentalism. The meeting marked the 100th anniversary of LEV, which has served nine popes since 1926. Pope recalled LEV’s independence from the Vatican Printing Press founded in 1587 and described the event as a family celebration.
1 day ago
Pope Leo XIV used the centenary of the Vatican Publishing House to stress that reading—especially of printed books—feeds the mind, connects people, and spreads the Christian message. He linked the house’s 100‑year history to the Church’s broader mission of thoughtful, encounter‑oriented evangelisation1.
The Pope met the staff of the Libreria Editrice Vaticana (LEV) on 7 May 2026, marking a hundred years since the house became independent from the Vatican Printing Press of 15871. He thanked the nine pontiffs the house had served and framed the gathering as a “family celebration”1.
Leo XIV described books as a concrete reminder of reflection, study and critical thinking, especially in a digital age1 2. He said reading “nourishes the mind” and helps guard against fundamentalism and ideological shortcuts1 2. The Pope urged Catholics to choose printed books as an antidote to closed‑mindedness1 2.
He highlighted that holding a book lets a reader meet its author, past readers, present readers and future ones1 2. This aligns with Pope Francis’ call for a “culture of encounter,” positioning books as bridges for dialogue and perspective‑expansion2.
For Christians, books can convey the lives of saints and spiritual reflections that touch hearts1 2. Leo XIV cited artistic depictions of the Virgin Mary, St. Anthony of Padua and St. Augustine as visual reminders of the Gospel’s presence in Scripture and books1 2. He urged the faithful to nourish themselves with the Word of God so it shapes thought and action1 2.
The Pope recalled Pope Paul VI’s 1976 address to the same publishing house, which encouraged looking ahead and refining ideas for the future1 2. He thanked the current staff for their dedication and gave them his Apostolic Blessing1.
During the audience, Leo XIV admired the Renaissance Borso d’Este Bible, underscoring the artistic and cultural value of printed works2.
"Assess the Catholic Church’s tradition of printed catechesis and its contemporary relevance."
La tradición católica de la catequesis impresa (catecismos, manuales y libros de apoyo aprobados por la autoridad eclesial) tiene una lógica profundamente “eclesial”: ayuda a transmitir con fidelidad y de modo estable el contenido de la fe, sosteniendo la comunión de la Iglesia y la formación de cristianos. Su relevancia hoy no consiste en “reemplazar” la catequesis viva, sino en asegurar un texto confiable y, al mismo tiempo, en exigir que toda obra catequética impresa sea adaptada, íntegra y orientada a la conversión, evitando interpretaciones privadas o enfoques que desfiguren el Magisterio.
En la Iglesia, la catequesis no nace como “solo lectura”, sino como enseñanza (a menudo con forma de preguntas y respuestas) que acompaña la incorporación y la maduración de los fieles. Desde épocas muy antiguas, la pedagogía catequética incluyó el método de preguntas y respuestas, y Cristo mismo usó preguntas para instruir.
Con la invención de la imprenta y el “renacimiento del aprendizaje”, la catequesis encontró un medio para multiplicar textos, estandarizar el lenguaje doctrinal y llegar a más personas. La tradición católica registra explícitamente que la imprenta tuvo “gran influencia en la instrucción catequética”, y menciona catecismos impresos tempranos como fruto de esa dinámica.
La gran idea de fondo es clara: el texto impreso, cuando es fiel al depósito de la fe, puede servir como instrumento estable que no depende solo de la memoria individual ni de la calidad variable de un encuentro. Eso prepara el terreno para la gran etapa de organización catequística impulsada por Concilios, especialmente el de Trento, que dio “prioridad” a la catequesis y originó el Catecismo Romano como una síntesis de la enseñanza cristiana “de primer rango”.
El Magisterio insiste en que, aunque existan muchas “vías y medios”, la catequesis impresa debe tener una cualidad central: fidelidad doctrinal y referencia auténtica a la enseñanza de la Iglesia.
Un catecismo puede describirse como un compendio de la doctrina de la Iglesia. Y, según la enseñanza pontificia, los textos catequéticos tienen “importancia fundamental” para una formulación exacta del mensaje cristiano y para la preparación de catecismos locales.
Además, se reafirma que el Catecismo de la Iglesia Católica está destinado a servir como instrumento válido “para la comunión eclesial” y como “referencia segura y auténtica” para enseñar doctrina católica y preparar catecismos locales.
Uno de los criterios más decisivos para valorar la catequesis impresa es su lugar eclesial: no es material “editorial” cualquiera, sino fruto de la misión de enseñar de la Iglesia.
La Dirección Catequética General (1971) subraya que debe darse “la mayor importancia” a los catecismos publicados por autoridad eclesiástica, con el fin de proporcionar, de modo condensado y práctico, los testigos de la revelación y de la tradición cristiana, junto con principios útiles para la educación en la fe.
Y añade un punto crítico: se debe “evitar con suma atención” presentar como doctrina de fe interpretaciones especiales que sean solo opiniones privadas o posturas de una escuela teológica. La doctrina debe presentarse fielmente.
Por eso también se recomienda un proceso técnico-ecclesial: colaboración de expertos, consulta con especialistas, consulta a Ordinarios locales, pruebas limitadas y revisión posterior; y antes de la promulgación, sometimiento a la Sede Apostólica para revisión y aprobación.
La pregunta clave no es “¿sirve imprimir?”, sino cómo imprimir de modo verdaderamente catequético hoy.
El Papa Juan Pablo II reconoce que ha habido un “florecimiento” de obras catequéticas, pero también pide una evaluación seria: han aparecido artículos y publicaciones “ambiguos y dañinos” para los jóvenes y para la vida de la Iglesia, incluso cuando surgen de buena intención.
Por eso no basta con multiplicar libros: se exigen condiciones. Entre ellas:
Esto marca la relevancia contemporánea de lo impreso: el libro debe ser fiel y a la vez pastoralmente inteligible, no un tratado abstracto.
La propia evaluación eclesial reconoce riesgos concretos en el mundo editorial catequético:
Y vuelve a insistir: no es suficiente producir más libros; se requiere que cumplan condiciones como adherirse a la vida de los destinatarios, hablar un lenguaje de nuestro tiempo, mostrar el mensaje integral de Cristo y de su Iglesia, y conducir a un conocimiento que motive conversión y vida según la voluntad de Dios.
En clave contemporánea, esto es especialmente relevante por un fenómeno moderno: la sobreabundancia de contenidos religiosos. La tradición impresa, para ser significativa hoy, debe ofrecer criterio, límites y autenticidad.
Aquí aparece una tensión saludable que el Magisterio aclara: aunque los libros sean importantes, la catequesis no se reduce a “lecciones secas”.
Juan Pablo II enseña que la catequesis debe ayudar a “encontrar” a Jesucristo, conversar con Él e “inmersarse” en Él; sin esa vivacidad del encuentro, el cristianismo puede caer en un “tradicionalismo religioso sin alma”, vulnerable al secularismo o a ofertas religiosas alternativas.
Y añade una frase decisiva para evaluar la relevancia de lo impreso:
“...no es fomentada por lecciones ‘secas’ solamente, sino que, por así decirlo, se ‘contagia’ por la fuerza de un testimonio vivo.”
Por tanto, la catequesis impresa es instrumento y soporte, no el centro último.
La tradición católica no ve al libro aislado: enseña que la catequesis ha usado medios adecuados a cada época. Juan Pablo II afirma que “catequesis” busca siempre “las formas y medios más apropiados”, desde la enseñanza oral hasta los medios modernos de comunicación, continuando el esfuerzo con participación de las comunidades y el impulso de los pastores.
Esto tiene una consecuencia práctica: los catecismos impresos siguen siendo relevantes porque fijan el contenido, pero pueden (y deben) integrarse con otros medios (radio, televisión, prensa, etc.), siempre con fidelidad al Magisterio y con alta calidad estética y doctrinal.
Una evaluación equilibrada, fiel al Magisterio, diría:
En suma, la tradición católica de catequesis impresa no es un museo de papel: es un medio vivo, siempre que esté eclesialmente aprobado, doctrinalmente fiel y pastoralmente orientado a que las personas “encuentren” a Jesús y su Iglesia.