Asís recibirá a miles de peregrinos por el 800.º aniversario de la muerte de san Francisco
Asís acogerá a miles de peregrinos los días 3 y 4 de octubre para las celebraciones del 800.º aniversario de la muerte de san Francisco, a las que se espera que asista el presidente de Italia el 4 de octubre. El programa, del 24 de septiembre al 5 de octubre, incluye liturgias, actos culturales, iniciativas caritativas, una procesión en la Porciúncula y la tradicional celebración del Tránsito. El cardenal Matteo Maria Zuppi celebrará una misa solemne, mientras que el obispo de Asís, Felice Accrocca, afirma que las enseñanzas de san Francisco sobre la paz, la fraternidad y el cuidado de la creación siguen siendo relevantes hoy. El aniversario llega tras una exposición de los restos de san Francisco que atrajo a casi 400.000 peregrinos y coincide con el 40.º aniversario del encuentro interreligioso por la paz convocado en Asís por san Juan Pablo II.
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Asís celebrará el 800.º aniversario de la muerte de san Francisco con actos del 24 de septiembre al 5 de octubre de 2026, y espera a miles de peregrinos para las jornadas principales, el 3 y el 4 de octubre. El programa combinará celebraciones litúrgicas, actividades culturales y acciones caritativas, con la paz y la fraternidad entre sus temas centrales.
El 4 de octubre, festividad del santo, la ciudad recibirá al presidente de Italia, Sergio Mattarella. El cardenal Matteo Maria Zuppi, arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, presidirá una misa solemne; también estará presente el cardenal Ángel Fernández Artime, legado pontificio para las basílicas de Asís.
Entre los actos figura el Transitus, la conmemoración de las últimas horas de san Francisco, además de la tradicional procesión en su honor en la Porciúncula.
El obispo de Asís, Felice Accrocca, describió la conmemoración como un recorrido entre la memoria y el futuro. Según explicó, el interés que sigue despertando san Francisco se relaciona con su interpretación radical del Evangelio y con su visión centrada en la paz, la fraternidad y la esperanza.
La fraternidad también se presenta como un tema concreto de la celebración. Marco Moroni, custodio del Sacro Convento, señaló que allí conviven más de 50 frailes de unos 20 países y sostuvo que esa experiencia muestra que es posible compartir la vida entre personas de culturas distintas.
Los actos coincidirán con el 40.º aniversario del encuentro interreligioso por la paz convocado por san Juan Pablo II en Asís en 1986, en el que representantes de distintas religiones se reunieron para orar por la paz.
Las celebraciones de octubre llegan tras una intensa afluencia de visitantes: la exposición de los restos mortales de san Francisco, entre febrero y marzo, atrajo a casi 400.000 peregrinos, según datos presentados en una rueda de prensa y difundidos por Vatican News.
El artículo también recuerda que Carlo Acutis, aunque no era de Asís, pidió ser enterrado en la ciudad.
La espiritualidad franciscana como fundamento de la fraternidad, la paz y el cuidado de la creación
La espiritualidad franciscana ofrece un fundamento profundamente cristiano para la fraternidad, la paz y el cuidado de la creación: nace de la contemplación de Cristo humilde y encarnado, y se expresa en una vida sencilla, abierta a los demás y agradecida por todo lo creado. No es solo admiración sentimental por san Francisco o por la naturaleza, sino una forma concreta de vivir el Evangelio.
San Francisco comprendió la fraternidad desde Cristo, que se hizo pequeño y pobre. Por eso, la minoridad —vivir sin imponerse ni buscar privilegios— no es un rasgo accesorio, sino una manera característica de relacionarse con los demás. El papa Francisco describe esta humildad como lugar de encuentro con Dios, con los hermanos y con toda la humanidad.
Llamar al otro «hermano» implica tratarlo con dignidad, acercarse a su realidad y servir especialmente a quien es pobre o vulnerable. La fraternidad franciscana no borra las diferencias: invita a cruzar las barreras de origen, cultura o religión con respeto y caridad. En el testimonio de Francisco, esta disposición llegó incluso a su encuentro con personas de otras religiones, desde la convicción de que nadie debe ser reducido a enemigo.
Esta fraternidad se sostiene en la relación con Dios. Francisco veía todo bien como don recibido, que debía convertirse en alabanza y servicio, no en motivo de autosuficiencia. Así, la humildad no degrada a la persona: la libera de tener que dominar y le enseña a recibir al otro como alguien a quien cuidar.
La paz franciscana no consiste únicamente en ausencia de conflicto. Supone conversión del corazón, capacidad de perdonar y disposición a iniciar el encuentro. La tradición franciscana recuerda que Francisco relacionó la paz con el perdón, y que procuró reconciliar a personas enfrentadas.
Su ejemplo también muestra que anunciar la paz exige acercarse a las personas en sus circunstancias cotidianas y cultivar en ellas el bien que puede abrirlas a Cristo. La minoridad ayuda a esta tarea: quien renuncia a imponerse puede escuchar, reconocer sus propios límites y buscar la reconciliación sin renunciar a la verdad.
Por eso, la paz no es indiferencia ante la injusticia ni simple cortesía. Es una manera evangélica de tratar al prójimo, que combina verdad, misericordia y esfuerzo por reparar las relaciones dañadas.
En la espiritualidad franciscana, las criaturas no son objetos sin valor propio ni recursos disponibles para cualquier uso. Son obra de Dios y pueden conducirnos a contemplar su bondad. El Cántico de las criaturas expresa esta mirada: Francisco alaba a Dios a través de los seres creados y los llama hermanos y hermanas.
Esta actitud contemplativa tiene consecuencias prácticas. Si la creación se recibe como don, se vuelve necesario respetarla, conservarla y usar sus bienes con prudencia. San Juan Pablo II subrayó que los seres humanos están llamados a cuidar la naturaleza de manera responsable, no a explotarla ni destruirla. La espiritualidad franciscana vincula así el cuidado ambiental con una conversión del corazón y con la sobriedad: rechaza convertir la realidad en algo que solo se usa y controla.
El cuidado de la creación también está unido a la paz y a la justicia entre las personas. El respeto por el mundo creado invita a preguntarnos cómo nuestras decisiones afectan a los demás y a los bienes que compartimos. La tradición franciscana propone, por tanto, una responsabilidad que combina contemplación, moderación y servicio.
En síntesis, la espiritualidad franciscana forma una unidad: quien contempla a Cristo humilde aprende a vivir como hermano; quien vive la fraternidad trabaja por la reconciliación; y quien reconoce la creación como don la trata con respeto. Su mensaje para hoy es sencillo y exigente: recibir con gratitud, vivir con sobriedad, perdonar y cuidar lo que Dios ha confiado a todos.