Desde Lourdes, el papa León rechaza tajantemente la ley francesa sobre la muerte asistida
Al predicar ante enfermos, personas con discapacidad y quienes los cuidan en uno de los santuarios más emblemáticos del catolicismo, el papa León XIV dijo que «ninguna ley humana debería hacerles perder jamás la certeza de su dignidad».
1 day ago
El papa León XIV aprovechó su visita a Lourdes, el 27 de septiembre, para criticar la legalización francesa de la eutanasia y el suicidio asistido. Ante personas enfermas y cuidadores, sostuvo que provocar la muerte no es compasión y que la legalidad de una práctica no determina su moralidad; también pidió reforzar los cuidados paliativos y afirmó que las personas enfermas no son una carga. 1 2 5
En un encuentro con alrededor de 5.000 personas en el centro de acogida Accueil Notre-Dame, el pontífice dijo que la dignidad humana es inalienable y que no debe presentarse la muerte provocada como una forma de compasión. Sus palabras fueron recibidas con aplausos y gritos de aprobación. 2
León afirmó que los profesionales de la salud deben cuidar a quien sufre, no eliminarlo, y los exhortó a ser “servidores apasionados de la vida”. También pidió desarrollar estructuras de cuidados paliativos y de investigación, y acompañar a los enfermos con la ternura que, según dijo, caracteriza la atención en Lourdes. 2 5
El papa vinculó sus declaraciones con la ley francesa aprobada durante el verano, que legalizó el suicidio asistido y la eutanasia en determinadas circunstancias. Según uno de los artículos, Francia se convirtió así en el quinto país europeo en legalizar ambas prácticas, después de Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y España. 2
El pontífice aseguró a las personas enfermas que no son una carga, sino “el corazón palpitante de nuestra humanidad” y un tesoro para la Iglesia. En la misa celebrada en Lourdes ante unos 150.000 peregrinos, presentó el santuario como un lugar donde la fragilidad no excluye a nadie y donde la vida es acogida como un don. 1 5
También reiteró que nadie debería decidir, basándose en algoritmos de laboratorio, sobre la vida de un embrión o de una persona mayor, y advirtió que la medicina no debe convertirse en instrumento de una “muerte programada”. 1 2
Durante la jornada, León elogió a los obispos franceses por su oposición a la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido, y los animó a perseverar junto con quienes comparten esos valores. La defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural fue un tema recurrente de su visita a Francia. 2 1*
Dignidad humana, sufrimiento y límites morales de la autonomía al final de la vida
La dignidad humana no depende de la salud, la independencia ni la ausencia de dolor: pertenece a cada persona y no se pierde en la enfermedad ni en la agonía. Por eso, la autonomía merece respeto, pero no es un poder ilimitado para disponer de la vida propia o ajena. La respuesta moral al sufrimiento no es provocar la muerte, sino aliviarlo, acompañar a quien sufre y cuidar de él hasta el final.
La Iglesia enseña que la vida es un bien fundamental y que la dignidad de cada persona es intrínseca e inviolable. El sufrimiento no la disminuye; tampoco hace que una vida sea menos digna de protección. Calificar de “muerte digna” la eutanasia o el suicidio asistido confunde la dignidad de la persona con la posibilidad de controlar cuándo y cómo muere.
Esta afirmación no niega la experiencia real del dolor, la dependencia o el temor. Afirma, más bien, que nadie debe ser tratado como una carga ni valorado según su productividad, su autonomía física o la calidad percibida de su vida.
La autonomía expresa la capacidad de decidir y debe ser tomada en serio en la atención médica. Pero no convierte toda decisión en moralmente lícita. Según la enseñanza católica, pedir que se cause la propia muerte no autoriza a otra persona a hacerlo: terminar deliberadamente con la vida del enfermo no respeta su dignidad, sino que niega el valor inviolable de su vida.
Esto no significa imponer tratamientos sin límite. La Iglesia distingue entre provocar la muerte y aceptar que la muerte llegue cuando ya no es posible evitarla. Pueden evitarse tratamientos agresivos o desproporcionados —es decir, intervenciones que imponen cargas excesivas o no ofrecen un beneficio razonable—, mientras se mantiene el cuidado debido a la persona.
El cuidado moral incluye el tratamiento paliativo apropiado para aliviar el dolor y atender las necesidades afectivas y espirituales del enfermo. También exige presencia: escuchar, consolar y permanecer junto a quien atraviesa la angustia del final de la vida. La compasión cristiana no consiste en causar la muerte, sino en sostener a la persona y responder concretamente a su sufrimiento.
Así, la dignidad humana, el sufrimiento y la autonomía no se enfrentan como si solo hubiera que elegir entre prolongar la vida a cualquier costo o provocar la muerte. La vía moral es cuidar sin abandonar, aliviar sin matar y respetar las decisiones legítimas del paciente sin traspasar el límite de disponer directamente de la vida.